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2009年8月1日

波希米亞人 La Bohème

連著一星期校正翻譯稿,已弄得頭昏腦脹了,今天,繼續校正時,窗外突然傳來加菲貓的媽最受不了的佛拉明哥,不知是那個小孩子,就在街上扯著喉嚨大吼佛拉明哥,lo que me faltaba ..... 就差這佛拉明哥讓加菲貓的媽抓狂了。

沒錯,加菲貓的媽不喜歡佛拉明哥,受不了佛拉明哥,從小習慣美聲唱法 Bel Canto,從 13 歲開始聽歌劇,聽慣了歌劇優雅的感情表答方式,真的無法接受佛拉明哥喧嚷的音樂表現和用喉嚨吼的歌唱技巧。




一聽到那個小孩子扯著喉嚨大吼佛拉明哥,加菲貓的媽第一個反應是:「是那家小孩沒禮貌,打擾附近鄰居?」,一想到現在西班牙小孩子的教育,只好搖頭,當下真想把音響的音箱放到窗口,放 Verdi (威爾第)的安魂曲 Requiem 的 Dies Irae 《震怒之日》,讓這小孩子知道「要比大聲,有人比他更大聲」。(聽聽上面的《震怒之日》就知道真是令人震撼!)

當然,加菲貓的媽沒這樣做,只以適當音量放自己最愛的歌劇《波希米亞人 La Bohème》,調適一下快抓狂的緊張心裡。

加菲貓的媽曾用西班牙文寫過《波希米亞人 La Bohème》的音樂解析,現在想起來,已是八年前的事了,附在下面讓有興趣的人看看。對加菲貓的媽來說,《波希米亞人 La Bohème》的四個幕剛好代表四季,第一幕有春天歡悅的戀情,第二幕有夏天熱鬧的氣氛,第三幕有秋天蕭條的哀愁,第四幕則是有冬天淒冷的死別。在此附上這四幕的一些部份:

第一幕最後的愛情二重唱: "O soave fanciulla" (喔,可愛的女郎)


第二幕:熱鬧的氣氛表現無疑


第三幕:哀愁的音色到處可聞


第四幕:是加菲貓的媽最欣賞的。普契尼(Puccini)雖然一生花心,從沒專情過,他的音樂卻是每個音符都是感情,每個音符都是愛 (當然了,在 Tosca 裡還有恨),就如 Turandot 說的 Il suo nome... ? Amor! (他的名字 ...?是「愛」!)一樣 (雖然這是 Franco Alfano 完成的,普契尼搞不好不是要這樣的結局)。言歸正傳,在第四幕裡,當 Musetta 唱完:
C'è Mimì... C'è Mimì che mi segue e che sta male ... Nel far le scale più non si resse
(是Mimì,Mimì 跟著我來,她病得很重... 沒力氣爬樓梯上來)
這一句後,交響樂逼真的營造出 Rodolfo 的心境,有一種「天塌下來」的感覺,加菲貓的媽每次一聽到這裡,就感到弦樂器的弓彷彿在撕裂加菲貓的媽的心,會痛。



Mimì 臨死前唱的:
Sono andati? Fingevo di dormire perché volli con te sola restare. Ho tante cose che ti voglio dire, o una sola, ma grande come il mare, come il mare profonda ed infinita... Sei il mio amore e tutta la mia vita! ...
(他們走了嗎?我假裝睡著,因為我想單獨和你在一起,我有太多的事想說,或是只有一件,但是,像海這麼大,像海這麼深這麼無窮無盡... 你是我的最愛,是我的生命 ..... )
是加菲貓的媽的催淚曲,從這裡到最後一個音符,加菲貓的媽就不停的掉眼淚。


當年普契尼(Puccini)的手稿是由 p (弱音記號) 和 f (強音記號) 組成的森林,不是 p - pp - pppppp ,就是 f - ff - fff - ffff,把出版商 Ricordi 嚇壞了,事實上,照普契尼(Puccini)的手稿,希米亞人 La Bohème 應以 pppppp (6 個弱音記號 p ) 結束,真是太誇張了!

聽完波希米亞人 La Bohème,聽到最後一個極弱的音符,加菲貓的媽已痛哭流涕,哭完後,感覺竟比聽佛拉明哥後沒哭還好!

再聽一遍!



Análisis Musical: La Bohème, autobiografía del joven Puccini
La Bohème es un prodigio dramático y representa un fenómeno excepcional en la obra completa de Puccini. Con esta ópera, Puccini aportó a la ópera un nuevo tipo de héroes y un entorno totalmente desconocido hasta entonces. Se trata de jóvenes artistas bohemios: pobres, afligidos y complacidos por los problemas y placeres de la vida cotidiana. No sabemos con exactitud porque Puccini eligió la novela de Murger como argumento de su nueva opera después del éxito de Manon Lescaut. Quizás el compositor se identificó con esta por su propia experiencia durante sus estudios en el Conservatorio de Milán. O quizás le atrajo la idea de dar nueva vida a estas figuras tradicionales de la bohemia historia parisina.
Principalmente el argumento de La Bohème está basado en la novela de Henri Murger "Scènes de la vie de bohème", novela que el escritor empezó cuando formaba parte de ese mundillo parisino de artistas. En el libro, los personajes centrales son Schaunard, Rodolphe, Marcel, y Colline. Dicen que Schaunard se llamaba en realidad Alexandre Schann, que era hijo de un fabricante de juguetes acomodado, y después de fracasar en el intento de sobresalir como compositor y pintor, dejó la vida bohemia y heredó la fábrica. Originalmente Murger quiso transformar su apellido en Schannard, pero un error de imprenta creó el apellido Schaunard que Puccini recogió también. De Marcel dicen que tenía una combinación de dos pintores que realmente existieron. Uno de ellos, François Germain Leopold Taber pintó efectivamente el cuadro que menciona en la novela "El paso de Mar Rojo". Colline es una combinación de dos filósofos que conoció Murger. Uno es Jean Wallon, un filosofo orgulloso de su abrigo cuyos bolsillos siempre estaba repleto de libros. Y el otro es Marc Trapadoux que era el más sensato del grupo. Probablemente el poeta Rodolphe era un pálido retrato del propio Murger que, según dicen, tenía una relación amorosa con una Mimì que murió de Tisis. No sabemos con exactitud quién era Mimì en realidad, dicen que pueden ser Lucille Louvet, o Marie Virginie Vimal. Sin embargo, sabemos que existió Musetta en realidad y que tuvo una relación amorosa con el pintor Taber. Se llamaba Marie-Christine Rouz, una modelo de arte de veintidós años. Murió en el naufragio del velero Atlas en el 1863 en un viaje a Argelia cuando iba a reunirse con su hermana. En la novela hay otro personaje femenino, Francine, que murió tísica después de unos amores con un escultor llamado Jacques, que no aparece su nombre en la opera, pero sí su historia.
Pocas veces se ha dado en la historia de la ópera una adaptación tan diferente en espíritu de un texto literario a un libreto operístico como en el caso de La Bohème. Puccini era un hombre difícil, nunca estaba contento con los textos, y exigía modificaciones continuamente, añadiendo escenas, eliminando escenas, reestructurando escenas, o actos. Fueron muchas las veces que condujo a sus libretistas al borde de la desesperación. Era una dura prueba de la paciencia para los libretistas. La elaboración del libreto era tan laboriosa que Illica, Giacosa, el propio Puccini e incluso Ricordi trabajaron más de 2 años en ello. Apenas le quedaron a Puccini ocho meses para componer la música. No obstante, las modificaciones introducidas tienen como resultado uno de los libretos más exquisitamente narrados de la historia de la opera. De hecho, todos los episodios de la opera fueron colocados en lugares concretos con el fin de crear una continuidad en la narración que no existe en la novela.
Mimì es la figura más frágil de la todas las mujeres creadas por Puccini. Ella no tiene los gestos trágico-heroicos de una Cio Cio San, o de una Liu, sino está rodeada de la dulzura que le confiere su sencillez. No hace nada especial, su suerte se decide ante la vista del publico: ama, sufre y muere. Su primer aria se nos presenta de un modo realista, a través de una detallada acuarela de figuras, su pequeño mundo y su modesto modo de vida. Puccini no quería un ángel, solo quería que Mimì fuera un ser humano más. Por tanto, quería que el final de esta muchacha fuera un poco menos egoísta y dedicara su ultimo pensamiento a quien le había demostrado tanto afecto. La muerte de Mimì es, probablemente, una de las escenas más conmovedoras de todas las operas. El primero que lloró fue el propio Puccini, cuando tocó por primera vez el final de la obra ante un circulo de amigos "El club de los Bohemios".
No se puede considerar una exageración decir que Mimì y Rodolfo son la pareja más querida de la historia de la lírica. Son corrientes y al mismo tiempo únicos en el genero operístico. En esta opera no hay ninguna intriga amorosa, ningún personaje malvado, ningún amante infiel. Los golpes del destino aparecen en forma de enfermedad. Es, en realidad, una tragedia verosímil, una conmovedora poesía para todos nosotros.
Sin embargo, la historia amorosa que en la opera se atribuye a Rodolfo y Mimì no procede de la novela, puesto que esta Mimì muere tísica pero en un hospital y Rodolfo no recibe la triste noticia hasta varios días después. Sin duda ninguna, a Puccini no le interesa nada este final, por lo que el compositor y sus libretistas deciden concluir la opera de otra forma. Efectivamente el episodio que sirvió de modelo es el de Francine. Después de varias modificaciones encontramos que las únicas escenas de la opera que corresponden a la Mimì de la novela son las del segundo acto, ya que las del primer acto y las del tercero son creaciones de los libretistas. Las del último acto sí corresponden a la historia de Francine.
La Bohème es una opera que en su aspecto musical se corresponde perfectamente con los postulados que se propugnaban a finales del pasado siglo y a principio de este, el movimiento verista italiano. Hasta entonces no se había descrito nunca el destino de gente tan humilde con sonidos y colores tan tiernos y poéticos. Aunque, haciendo honor a la verdad, esto no es más que definir con otras palabras la quintaesencia musical de Puccini.
Puccini fue el primer compositor que plasmó de un modo tan realista la vida de las calles de París. La música de Puccini da vueltas alrededor del Café Momus como la cámara de un director de cine que enfoca alternativamente las situaciones, los rostros y los cuadros de la vida cotidiana.
En La Bohème, Puccini asegura cada matiz musical y gana al dramaturgo. No es necesario recurrir al texto o a la escena para describir el ambiente, ya que éste vive en la partitura. Sin embargo, lo más sorprendente de La Bohème es la innovación que se introduce a la opera. Se trata del cambio, que consigue con infalible seguridad, entre canto suave y conversación, entre la música de cámara para las escenas íntimas y una potente intervención de toda la orquesta. Del mismo modo que la música, por su gracia y hermosura, acaricia el oído del publico, trata atrevidamente aquellas escenas que estimulan la acción acompañando el fluir de las palabras.
El compositor prefiere un estilo lírico de conversación que, a partir del recitado en habitual estilo declamatorio, se convierte en un tono de charla elegante y musical que evoluciona del "parlando sonante" del idioma italiano. Esto es un paso decisivo de Manon Lescaut a La Bohème.
Los dúos y arias de Verdi constituyen siempre acciones que adelantan los acontecimientos, con emoción contenida o latido dramático. Sin embargo, Puccini logra crear descansos, deteniéndose en sus explosiones líricas y expresivas, se las quiera considerar como arias o no. Confiesa el propio Pucicni: "Quiero que se cante, que se melodie cuando sea posible." Las arias de Verdi están sometidas a una estructura fija, por tanto, solo estrictas indicaciones permiten garantizar esa fuerza arrebatadora. En cambio, la lírica pucciniana posee su propia imaginación a la hora de frasear, sus propios puntos esenciales, su propio empuje.
A pesar de las continuas alteraciones armónicas y de los esporádicos encubrimientos impresionistas, la música está lejos de disiparse en penas psíquicas y físicas. Puccini prefiere la lírica sentimental que la carga ocasional de tensiones apasionadas. El compositor trabaja con temas, personales y ambientes. Estos temas no se parecen a los leitmotiv wagnerianos porque Puccini no los concentra en un tejido tupido, ni emplea esta técnica. Su leitmotiv forman parte de la realidad teatral, no indica nada, sino que recuerda el sentido de "soñar hacia atrás".
Como ya lo sabemos, Puccini tenía pasión por caracterizar a través de los modos. El concepto fundamental del claro Do mayor para el primer acto y el Do menor, que se va extinguiendo en voz baja, del trágico final de la opera está bien pensado.
La música fluye en toda la opera porque Puccini emplea una armonía colorista y una orquestación sublime. El maestro no estaba interesado en un colorido convencional para la parte del canto, sino en un fundido total con la orquesta. De un modo extraño atrae las frases orquestales hacia las voces solistas, empapándolas y dejándolas transparentes. Solo pocas veces las melodías vocales y las orquestales son idénticas. Las voces y la música instrumental se deshacen y se integran con flexibilidad. Puccini deja fluir la palabra, le da un leve fondo de acordes, sin embargo, está dispuesto a acompañarla abundantemente, integrándola en su melodía. De este modo el compositor consigue dos cosas; para el texto, transparencia, para la voz; vida propia,
Puccini opta por una instrumentación continua que se caracteriza por colores intensos y facetas impresionistas. Algunos instrumentos como el violonchelo, el arpa, y otros resaltan de vez en cuando. La dulzura de los instrumentos de arco para Mimì y Rodolfo, brillantes instrumentos de viento para Musetta, toda la orquesta para la escena de Momus, y al final suave penumbra y música de cámara para la muerte de Mimì. En resumen, la orquesta de La Bohème, refinada en el tratamiento de luces y sombras, se caracteriza por una maravillosa suavidad y una sutil transparencia.
Fundamentalmente caben dos posibilidades para apreciar en su justa medida el carácter de La Bohème. Una consiste en la pasión absoluta de Puccini por la lírica melancólica de la obra, y la otra tiende a lograr una trasparencia que es característica de esta obra.
Las líneas melódicas, ajenas a cualquier orden esquemático y a cualquier intención propia de un aria, fluyen intensamente. De los escarceos melódicos, breves y tomados a partir del lenguaje, y de las corcheas revoloteantes nace un dialogo encantador entre solista y orquesta. A partir de aquí, El maestro desarrolla un estilo sutil y elegante que es inherente a su obra. A este estilo pertenece el encanto armónico, y su tendencia a una expresiva explosión de sentimientos,algo que en términos musicales ya se define como "PUCCINIANO"

La idea de escribir música para la novela de Murger provino de Leocavallo. Se dice que incluso le propuso a Puccini escribir el libreto. Éste no conocía la novela todavía por lo cual no prestó ninguna atención a la oferta de su amigo. No obstante, más tarde se animó a componer la música de La Bohème. Cuando se supo que tanto Leocavallo como Puccini estaban trabajando en el mismo proyecto, en marzo de 1896 en un encuentro casual en un café milanés, se originó una dura polémica en la prensa, que al día siguiente publicó el proyecto de Leocavallo en "Il secolo" y el 21 de marzo el de Puccini en "Corriere della sera", una reñida rivalidad surgió en la vieja amistad que existía entre los dos compositores, solo años más tarde llegaron a reconciliarse. Así Leocavallo compuso su propia "La Bohème" que se estrenó un año después de que Puccini estrenara la suya.
La versión de Leocavallo fue adaptada con mayor fidelidad que la de Puccini. En esta versión hay más conflictos, discusiones más ásperas, diálogos más apasionados. La figura de Mimì queda desdibujada, y la de Musetta no gana nada con su mayor presencia en escena. Además Schaunard tiene un papel más importante que en la opera de Puccini, y aparece su amante Eufemia, a la que Puccini eliminó, del mismo modo que aparece el amante rico de Mimì. La obra de Leocavallo se acerca más al estilo verista, muy de moda en aquella época. Sin embargo, la versión de Puccini cala más hondo en el ferviente lirismo del mundo bohemio.
Como todas las operas de Puccini, La Bohème no tiene una obertura en el primer acto, porque eso supone sólo un retraso. Aquí solo tenemos un tema inicial, fresco y ágil, que abarca treinta y nueve compases que repite acompañando a las primeras frases de Marcello "Questo Mar Rosso..", hasta la intervención de Rodolfo, y que aparece después en sucesivas ocasiones. Este tema inicial sirve de introducción a la escena que presenta a Rodolfo y Marcelo trabajando en la buhardilla. Ambos interpretan una escena de carácter bastante irregular que empieza por una frase melódica de Rodolfo "Nei cieli bigi...". La escena evoluciona en forma de diálogo cantado con efectos realistas. Sin embargo, la orquesta deja de acompañar para resaltar la frase del poeta "L'amor è un caminetto che sciupa troppo...". Colline une a la conversación al entrar a la buhardilla, continuado el discurso musical con la misma vivacidad con la que la opera ha comenzado. Hasta aquí se trata de una escena más o menos unitaria que queda interrumpida por la aparición triunfal de Schaunard, surge por primer vez el tema del Barrio Latino, que se repetirá en el segundo acto de la opera. La agitación de la escena anterior contrasta con la calma de la entrada de Bonoît, el casero. Más tarde, cuando los bohemios se disponen a ir al Café Momus y Rodolfo les dice que no podrá bajar aún, aparece momentáneamente el tema inicial.
A partir de ahí, tiene lugar una larga escena entre Rodolfo y Mimì. Ésta empieza con un dialogo que desemboca en dos arias. La primera, la del tenor "Che gelida manina", consta de tres partes: una introducción, que empieza dolcissima, una parte cercana al recitativo y una tercera en la que el compositor, elabora una melodía que repite a su vez la orquesta, llegando así, a la catarsis característica del estilo Pucciniano.
El aria de Mimì "Mi chiamano Mimì", sigue inmediatamente al de Rodolfo, consiguiendo con ello dar mayor unidad a la escena. Aquí Puccini no le quiere asignar a Mimi un aria convencional. Le deja hablar. Su narración tiende a ser un rondó libre, un fragmento que parece improvisado. El aspecto rítmico y el orden periódico no tienen importancia en este momento, porque lo que el maestro pretende es que su narración gane fluidez aumentando el énfasis cuando detalla su ocupación. Más tarde, tras unas breves intervenciones de los bohemios que, desde la calle, llaman a Rodolfo, se inicia el famoso dúo, "O soave fanciulla" basado en el mismo tema que el aria del tenor. El primer acto, acaba con el agudo de Mimì, al que a veces se suma Rodolfo.
El segundo acto, mucho más bullicioso que el primero, consigue ofrecer un gran cuadro musical en el que cada personaje queda perfectamente integrado en el conjunto gracias a la maestría del compositor. Durante la mayor parte del tiempo el escenario está lleno de personas que cantan. El coro canta en una escena concertada en la que intervienen a la vez los bohemios y Mimì. Es una escena de notable dificultad rítmica, que exige de todos una especial precisión. Rodolfo enriquece la escena con unas frases de excepcional belleza que fácilmente podrían haber dado lugar a otro aria. También en este acto hay una importante intervención de notable dificultad de un coro infantil. Puccini introduce aquí aquellos "ballabile" y aquellos ligeros ritmos en seis por ocho y dos por cuatro. Las voces de las tenderas comentan la llegada de Musetta, sobreponiéndose a la conversación de los bohemios y a los comentarios que sobre Musetta hace Marcello. El climax del panorama navideño se consigue cuando la pícara Musetta entona su lento vals, que Puccini había compuesto muchos años atrás, languideciendo "Quando me'nvo". El vals, es una canción de ritmo muy sugerente que inicia Musetta y que revela su personalidad - guapa, coqueta, emancipada -, intervienen en ella todos los personajes, distinguiéndose sobre todo la parte que canta Marcello. El final, con un sexteto arrollador que sigue al vals de Musetta y la presentación del relevo de la guardia, resulta convincente. Para esta ocasión, el compositor también emplea material anterior, que tiene su origen en una marcha del "Rey ciudadano".
El tercer acto empieza con descripciones exactas, la tristeza y el vacío de una helada mañana de invierno, que dura más de cien compases. A partir de ese ambiente natural, Puccini crea un espacio para sus atormentadas arias de despedida. Primero empieza con dos fuertes acordes y una breve introducción, con unos acordes insólitos que sugieren el intenso frío de París. Se oyen las voces de un coro de barrenderos y las de unas mujeres, nos advierte de la presencia de Musetta en la cercana taberna con el tema del vals del acto anterior. Al aparecer en escena Mimì, la cuerda interpreta el tema de su aria del acto primero. La entrada de Marcelo es también subrayada por la orquesta con el tema que representa a los bohemios. Se establece entre ambos personajes una conversación cantada de tono marcadamente triste.
Con la entrada de Rodolfo revive el tema con el que empieza la obra, mientras éste confiesa a Marcelo que se quiere separar de Mimì porque está mortalmente enferma, se ve a la temblorosa Mimì al fondo. En el pasaje tal vez más hermoso de la opera, el "lento triste" y "con massima espressione", casi susurrado, en el ampuloso re bemol mayor del "Mimì e tanto malata ..." experimenta la fuerza del máximo amor y de la desesperación más profunda ante la enfermedad. Cuando Mimì se presenta ante Rodolfo, canta su segundo aria, "Donde lieta usci", utilizando para ello material musical de la primera. Con el mismo tema empieza el dúo entre Rodolfo y Mimì, que pronto evoluciona hacia un doble dúo en el que contrasta el amor apasionado de Rodolfo y Mimì, de frases melódicas y ligeras, con la discusión un tanto cómica entre Marcelo y Musetta. Finalmente se impone el amor de Rodolfo y Mimì, acabando el acto con una gran delicadeza. Este magnifico dúo doble posee una intensidad melódica a la que resulta difícil resistirse.
El último acto empieza de forma similar al principio. La escena, otra vez en la buhardilla, se inicia con una conversación entre el Rodolfo y Marcello con un leve tono amargo. La entrada de Schaunard y Colline continua la escena con alegría. La melodía es ligera y divertida y suenan varias danzas cuando los bohemios bailan entre sí. Primero una gavota y un fandango, únicamente interpretado por la orquesta, y después una cuadriles en la que la orquesta se vuelve más colorista.
La llegada de Musetta interrumpe la alegría, la orquesta adquiere un tono más dramático. De nuevo aparece el tema del primer aria de Mimì, a partir de aquí, con una colección de melodías rescatadas de toda la ópera, comienza una conversación entre el tenor y la soprano en la cual participan todos los personajes, Una escena en la que todos se ofrecen para ayudar a Mimì acaba con el aria "Vecchia zimarra", el único aria para bajo de toda la producción pucciniana, con una utilización magistral de los instrumentos de madera. Cuando los bohemios se van, suena un tema que se repite cuando muere Mimì, y que es repetido a su vez por Rodolfo. A partir de ese momento aparecen temas característicos del amor del primer acto. No hay un gran dúo final, al modo de Verdi, ni tampoco inútiles pasajes prolijos hacia el final, solo hay "recuerdos". Todo el acto está basado en recuerdos. Las frases de Mimì adquieren un tono cada vez más apagado. Los bohemios hablan en voz baja hasta la explosión con que Rodolfo, desesperado, se da cuenta de la muerte de Mimì. No es solo Mimì quien da el último suspiro, la música se derrumba en el último postludio grave, pesante, redoblado en octavas bajas, en la melodiosa escala menor que baja de modo sencillo y genial.
El manuscrito de la partitura de La Bohème está lleno de todo tipo de indicaciones, posibles e imposibles. Por ejemplo, según la partitura original, el acorde del ocaso de los dioses en Si menor anunciando la muerte de Mimì tiene como indicaciones siete p (ppppppp). Cuando Ricordi vio eso, escribió horrorizado a Puccini: "Es un bosque de p - pp - pppppp, de f - ff - fff - ffff." Puccini contestó: "Si en la partitura he exagerado los pp y los ff es sólo porque, según Verdi, hay que anotar ppp si se desea un pianísimo de verdad."
En diciembre de 1895 los miembros del Club de bohemios (Ceco, Pagni, Angiolini y Tammasi, etc), se reunieron en casa de Puccini. De repente, alrededor de medianoche, el maestro se da media vuelta y exclama: "Silencio, señores. He terminado La Bohème". Les toca las últimas escenas de la opera y la tristeza de la dulce muerte de una muchacha desconocida se abate sobre sus corazones. Escribe Pagni: "...Cuando sonaban los acordes desgarradores de su muerte, nos estremecimos y nadie pudo contener las lágrimas, incluso Puccini... Le rodeamos y le abrazamos sin decir nada. A continuación alguien dijo: ..." Esta escena no termina aquí. Un poco más tarde celebraron la Navidad con un banquete y champanes en casa de Giacosa en Milán, con los disfraces más fantásticos para esta fiesta triunfal. Puccini, vestido de viejo romano con toga, recibió una corona de laurel. Probablemente ningún compositor ha celebrado nunca el final de una obra con tanta alegría.
Sin embargo, el estreno, que tuvo lugar en el Teatro Regio el 1 de Febrero de 1896, justo tres años después del estreno de "Manon Lescaut", bajo la dirección de Arturo Toscanini, no obtuvo el éxito esperado. El público aplaudió, pero el éxito fue más bien tibio. El telón solo levantó cinco veces, y Puccini le confesaba a Fraccaroli que se le había partido el alma. Además, las críticas la aceptaron fríamente.
Quizás pueda haber varias razones que expliquen este éxito limitado de "La Bohéme". El público seguía pensando todavía en la gravedad ideológica de "Ocaso de los dioses" con el que Toscanini había iniciado la temporada. El inexorable maestro tampoco permitió a Mimì, embriagada de aplausos, que muriera por segunda vez. La pieza se había llevado a escena precipitadamente y el reparto no era de ningún modo el mejor.
No obstante, el público se vuelve cada vez más entusiasmado con cada nueva representación. Dos meses más tarde, el 13 de abril, se representó la obra en Palermo y alcanzó un gran éxito que Puccini no esperaba. Al final el compositor de "Manon Lescaut" triunfa con las nuevas producciones. En dos años, La Bohème se estrenó en las más grandes ciudades del mundo, aunque estuvo excluida del programa de Viena varias temporadas por la hostilidad de Mahler, que prefería la de Leocavallo.
¿Y qué dicen los músicos de La Bohème? Ravel admiraba sin reservas la orquestación de esta ópera, Messager y Alfredo Bruneau tampoco escondían su entusiasmo, Stravinsky afirmaba que "cuando más se escuchaba, más bella era", y Debussy decía que Falla había evocado con tanta perfección la atmósfera de París como Puccini en La Bohème.
A los 105 años de su existencia, "La Bohème" sigue siendo una ópera joven y una de las mayores obras maestras escritas por el último gran compositor operístico italiano: Giacomo Puccini.

BIBLIOGRAFÍA:

  • LA BOHEME, libreto colección Orbis Fabbri
  • LA BOHEME, Partitura, Editorial Dover
  • ÓPERA, Andras Batta, Sigrid Neef, Könemann
  • PUCCINI, Ernst Krause, Alianza Editorial
  • PUCCINI, Eleonore Clausse, Espasa-Calpe


1 則留言:

  1. 瀏覽了很多沒營養的網誌之後覺得,這是少數幾個值得看的。請多多寫些音樂的東西 .... 不過貓貓的故事也很動人啦!

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